La bichectomía retira, total o parcialmente, la bola de grasa que ocupa el interior de la mejilla. Afina el tercio medio del rostro y marca más el pómulo. Se hace por dentro de la boca, sin cicatriz visible.
Es un procedimiento sencillo, corto y de recuperación rápida, y esas tres cosas explican por qué se ha vuelto tan popular. También explican por qué se hace mal con tanta frecuencia: la facilidad técnica no dice nada sobre la indicación.
Aquí va la parte incómoda. La bola de Bichat no vuelve a crecer: es irreversible. Y con los años, todo el rostro pierde volumen de forma natural; quien llega a los cincuenta habiendo retirado por completo esa grasa a los veinticinco suele tener un tercio medio hundido y un aspecto más envejecido, no más definido. Por eso, cuando la indicación existe, se retira una porción y no la bola entera.
Suele ayudar cuando hay
- Mejillas visiblemente llenas en una persona delgada, sin sobrepeso.
- Rostro redondo por volumen real de la mejilla, no por grasa subcutánea generalizada.
- Deseo de marcar el hueco bajo el pómulo, con estructura ósea que lo permita.
- Mordisqueo repetido de la mucosa de la mejilla por exceso de volumen.
- Edad adulta, con el desarrollo facial ya terminado.
Conviene valorar antes si
- Rostro delgado o con pómulo ya marcado: retirar volumen aquí adelgaza y envejece.
- Menos de veinticinco años: el rostro sigue perdiendo grasa por sí solo durante años.
- Sobrepeso: el volumen puede ser grasa subcutánea, que la bichectomía no toca.
- Expectativa de un cambio grande: el efecto es sutil y se ve sobre todo en fotografía de tres cuartos.
- Piel con flacidez: quitar volumen puede acentuar la caída en lugar de definir.
Ninguno de estos puntos descarta por sí solo el procedimiento; todos cambian la conversación.
Retirar poco, y solo cuando sobra
La bola de Bichat no es simplemente grasa: es una estructura con prolongaciones que se meten entre planos profundos del rostro, cerca del conducto de la glándula parótida y de ramas del nervio facial. Se aborda por una incisión pequeña dentro de la mejilla, se exterioriza la porción superficial con presión externa y se reseca solo esa porción, sin traccionar de lo que no se ve.
La cantidad se decide con el rostro delante y no por protocolo. En la mayoría de los casos se retira una parte y se conserva el resto, precisamente porque no hay marcha atrás. Un resultado discreto que se ve bien a los cuarenta es mejor negocio que uno espectacular a los veinticinco.
Y hay una tercera opción que en consulta se plantea antes que la cirugía: en muchos casos, lo que la persona quiere —un pómulo más marcado— se consigue añadiendo proyección al pómulo, no retirando volumen a la mejilla. Es reversible y no compromete el rostro futuro.
Cómo es el proceso
Es un procedimiento corto, pero la consulta previa pesa más que la cirugía.
Consulta
Se valora si el volumen es de la bola de Bichat o de otra cosa, se examina la estructura ósea y la piel, y se dice con franqueza si el procedimiento está indicado.
Preoperatorio
Exámenes básicos y revisión de la salud dental, porque el abordaje es intraoral. Se firma el consentimiento informado.
Cirugía
En consultorio quirúrgico o quirófano, con anestesia local. Incisión de un centímetro dentro de cada mejilla y sutura reabsorbible.
Controles
Control a la semana y al mes. Enjuagues y dieta blanda durante los primeros días.
Día a día
La recuperación es corta, pero el resultado tarda mucho más de lo que la gente espera.
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Días 1 a 3
Hinchazón de las mejillas, que en estos días se ven más llenas que antes de operar. Dieta blanda y fría, enjuagues y analgésicos.
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Días 4 a 10
La hinchazón cede. Se puede volver a la vida social. Los puntos internos se reabsorben solos.
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Semanas 3 a 8
Se empieza a ver el cambio real, todavía parcial. Es cuando conviene no sacar conclusiones.
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Meses 3 a 6
Resultado definitivo. En rostros con mejilla muy llena el cambio es claro; en rostros delgados puede ser casi imperceptible, que es exactamente lo que se advierte antes de operar.
Riesgos y lo que no se promete
Los riesgos habituales de una cirugía menor —sangrado, infección, hematoma— y los propios del abordaje: asimetría entre una mejilla y la otra, y, con baja frecuencia, lesión de una rama del nervio facial o del conducto de la glándula parótida, complicaciones poco comunes pero de manejo especializado.
El riesgo más importante de este procedimiento, sin embargo, no es una complicación: es el exceso. Retirar demasiado produce un hundimiento de la mejilla que no tiene corrección sencilla, y que empeora con la edad. Se corrige, si acaso, con injerto de grasa o relleno, con un resultado que rara vez iguala lo que había.
No se promete un rostro concreto ni un efecto adelgazante general: la bichectomía no reduce peso ni actúa sobre la papada ni sobre el óvalo facial. Estos riesgos se reducen con una indicación adecuada y una técnica conservadora. No se eliminan. Los que aplican a tu caso se te explican en consulta y constan por escrito en el consentimiento informado.
La información de esta página es orientativa y no sustituye una consulta médica presencial. El acto médico es una obligación de medios, no de resultado.
Lo que más se pregunta sobre la bichectomía
Puede hacerlo, y es la advertencia más honesta que se puede dar sobre este procedimiento. El rostro pierde volumen con los años de forma natural; si además se retiró toda la bola de Bichat en la juventud, el tercio medio queda hundido antes de tiempo.
No es un argumento para no operarse nunca: es el argumento para operar solo a quien le sobra volumen, y para retirar una parte y no el total.
La porción retirada no vuelve. La que se conserva sí puede aumentar de tamaño con un aumento importante de peso, igual que el resto de la grasa del cuerpo.
Por eso conviene hacerse el procedimiento en un peso estable y no como parte de un plan de bajar de peso.
No. La bola de Bichat está en la mejilla, no en el cuello. La papada es otra cosa y tiene su propio tratamiento, que puede ser una liposucción submentoniana o una cirugía del cuello según el caso.
Confundir las dos cosas es frecuente y termina en una cirugía que no resuelve el motivo de la consulta.
Entre los tres y los seis meses. Las primeras semanas la mejilla está hinchada y se ve más llena que antes, lo cual desconcierta a mucha gente.
Si a los tres meses el cambio te parece poco, conviene recordar que el efecto de este procedimiento es discreto por naturaleza: se nota en el contorno, no transforma el rostro.
¿Tu duda no está aquí? Hay más respuestas en las preguntas frecuentes.
