Es la reconstrucción del defecto que deja la extirpación de un tumor: cerrar lo que quedó abierto, devolver la forma y, cuando corresponde, recuperar la función.
Extirpar un tumor con márgenes adecuados deja un defecto, y ese defecto hay que cerrarlo. En la cara puede afectar el párpado, la nariz, el labio o la oreja; en el tronco o las extremidades puede dejar expuesto hueso, tendón o material protésico. La reconstrucción oncológica es la disciplina que resuelve ese cierre, y su lógica es distinta de la de la cirugía estética: aquí la prioridad es cubrir, restituir la función y permitir que el tratamiento oncológico continúe sin retrasos.
Lo más importante es cuándo se decide. La reconstrucción se planifica antes de la cirugía del tumor, no después. Cuando el cirujano oncólogo sabe que el defecto tiene solución, puede resecar con la amplitud que la enfermedad exige; cuando no lo sabe, existe la tentación de ser conservador con los márgenes, y eso perjudica al paciente. Que la reconstrucción esté prevista es, en sí mismo, un factor de calidad del tratamiento oncológico.
Suele ayudar cuando hay
- Defecto previsto tras la extirpación de un tumor, planificado con antelación.
- Defecto facial que compromete párpado, nariz, labio, oreja o mejilla.
- Exposición de hueso, tendón, cartílago o material protésico.
- Herida que no puede cerrarse directamente por su tamaño o localización.
- Secuela funcional o estética de una resección oncológica previa.
Conviene valorar antes si
- Márgenes aún no confirmados, que pueden aconsejar una cobertura temporal.
- Tratamiento oncológico activo que condiciona el momento de la reconstrucción.
- Tabaquismo activo, determinante en cualquier colgajo.
- Enfermedad avanzada, donde el objetivo puede ser paliativo.
- Estado general que no tolera una cirugía prolongada.
Ninguno de estos puntos descarta por sí solo el procedimiento; todos cambian la conversación.
Con qué se reconstruye
Se emplea siempre la opción más sencilla que resuelva bien el problema.
Cierre directo
Cuando el defecto lo permite, aprovechando la elasticidad de la piel y orientando la cicatriz sobre las líneas naturales.
Injerto de piel
Para defectos superficiales con buen lecho. Es rápido y seguro, aunque deja diferencia de color y textura.
Colgajo local o a distancia
Trae tejido con su propia irrigación. Es la opción cuando hay estructuras expuestas o cuando el resultado en la cara debe ser bueno.
La reconstrucción no limita la resección
Es la regla que ordena todo lo demás. La resección la define la enfermedad, no la dificultad del cierre. Un margen insuficiente para dejar un defecto más cómodo de reconstruir es un mal negocio: la recidiva obliga a una segunda cirugía sobre tejido ya operado, más difícil y con peor pronóstico.
Se aplica el principio de la escalera reconstructiva: se empieza por la opción más sencilla que resuelva bien el problema y se sube solo lo necesario. Un colgajo microquirúrgico que no hacía falta añade riesgo y tiempo operatorio sin beneficio.
Cuando los márgenes no están confirmados en el momento de la cirugía, puede optarse por una cobertura provisional y reconstruir de forma definitiva cuando llegue el informe de patología. Es preferible a reconstruir sobre un margen que luego habrá que ampliar.
Cómo es el proceso
La planificación conjunta es la parte que más determina el resultado.
Planificación conjunta
Antes de la cirugía oncológica, se conversa con el equipo tratante el defecto previsto y se define la estrategia de cobertura.
Cirugía
Resección del tumor y reconstrucción en el mismo acto cuando es posible, o cobertura provisional a la espera del informe de patología.
Resultado de patología
Si los márgenes están comprometidos, se amplía antes de completar la reconstrucción definitiva.
Refinamientos
Meses después pueden hacerse ajustes de contorno, corrección de cicatrices o injerto de grasa para mejorar el resultado final.
Qué esperar
Varía mucho según el tamaño del defecto y la técnica empleada.
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Días 1 a 10
Curaciones frecuentes y vigilancia del colgajo o del injerto. Reposo de la zona reconstruida. Hospitalización según la magnitud.
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Semanas 2 a 6
Cicatrización consolidada y retiro de puntos. Recuperación progresiva de la actividad. Se puede iniciar el tratamiento complementario si estaba indicado.
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Meses 2 a 6
La zona reconstruida se ablanda y se integra. Fisioterapia si hay compromiso funcional.
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Meses 6 a 18
Momento de los refinamientos: retoques de contorno, cicatrices e injerto de grasa. Seguimiento oncológico continuo.
Riesgos y lo que no se promete
Los propios de cada técnica: sufrimiento parcial o total del colgajo, pérdida del injerto, infección, hematoma, dehiscencia y complicaciones de la zona donante. En cirugía microquirúrgica se añade la trombosis del pedículo vascular, que puede obligar a una reintervención urgente.
La radioterapia previa o posterior empeora la cicatrización y aumenta todas estas complicaciones. El tabaquismo es el factor modificable que más pesa, y en cirugía de colgajos su impacto es grande.
No se promete restituir la anatomía original: se reconstruye una forma y una función aceptables, no el tejido que había. En defectos faciales grandes el resultado suele requerir varias etapas y no borra la huella de la enfermedad. Estos riesgos se reducen con una técnica adecuada al defecto y el abandono del tabaco. No se eliminan. Los que aplican a tu caso constan por escrito en el consentimiento informado.
La información de esta página es orientativa y no sustituye una consulta médica presencial. El acto médico es una obligación de medios, no de resultado.
Lo que más se pregunta sobre la reconstrucción oncológica
Muchas veces sí, y es lo preferible: un solo acto quirúrgico, una sola anestesia y una herida cerrada desde el principio.
Cuando los márgenes no están confirmados, puede optarse por una cobertura provisional y reconstruir después. Es preferible a reconstruir sobre un margen que luego habrá que ampliar.
No debería, y ese es uno de los objetivos de la reconstrucción: una herida cerrada permite iniciar el tratamiento complementario en plazo.
Una herida abierta o un colgajo con complicaciones sí puede retrasarlo, y por eso se elige la técnica más segura para cada paciente, no la más ambiciosa.
No. Se reconstruye una forma y una función aceptables, no el tejido original, y en defectos grandes la diferencia se nota.
Lo que sí se busca es un resultado que permita hacer vida normal, con la cara descubierta y sin limitación funcional. En muchos casos eso se consigue bien.
Porque saber que el defecto tiene solución permite al cirujano oncólogo resecar con la amplitud que la enfermedad exige, sin quedarse corto por temor al cierre.
Es un factor de calidad del tratamiento oncológico, no un detalle logístico. Cuando se improvisa el cierre al final de la cirugía, el resultado suele ser peor en ambos frentes.
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