La microtia es una malformación congénita en la que la oreja no se desarrolla por completo. La reconstrucción construye una oreja nueva, habitualmente con cartílago de las costillas del propio niño.
Hay algo que conviene separar desde la primera consulta, porque las familias suelen llegar con las dos cosas mezcladas: la forma de la oreja y la audición son problemas distintos, con especialistas distintos y calendarios distintos. La reconstrucción de la oreja resuelve la forma; la audición depende del oído medio e interno y la valora otorrinolaringología, que decide si corresponde una cirugía auditiva, un audífono osteointegrado o ninguna de las dos. En la mayoría de los casos de microtia unilateral, el otro oído es normal y el desarrollo del lenguaje transcurre sin problemas.
La reconstrucción se hace por etapas y con el propio cartílago de las costillas del niño, que se talla dándole la forma de una oreja y se coloca bajo la piel. Por eso el momento no lo marca la ansiedad de la familia sino el tamaño del cartílago disponible: antes de los ocho a diez años no hay costilla suficiente para construir una oreja del tamaño adulto. Es una espera larga y difícil, especialmente cuando el niño empieza el colegio, y se acompaña conversando también lo que ocurre en esos años.
Suele ayudar cuando hay
- Oreja ausente o incompletamente desarrollada desde el nacimiento.
- Edad y desarrollo torácico suficientes: en general de ocho a diez años.
- Deseo del niño de reconstruir, no solo de la familia.
- Pérdida traumática o por quemadura de parte de la oreja.
- Valoración auditiva ya realizada por otorrinolaringología.
Conviene valorar antes si
- Edad temprana: no hay cartílago costal suficiente todavía.
- Cirugía auditiva previa que haya dejado cicatrices en la zona.
- Niño que no desea operarse: su opinión pesa y se respeta.
- Expectativa de que la reconstrucción mejore la audición.
- Malformaciones asociadas que requieren prioridad.
Ninguno de estos puntos descarta por sí solo el procedimiento; todos cambian la conversación.
Con qué se reconstruye
Cada opción tiene ventajas distintas y no todas están indicadas a la misma edad.
Cartílago costal propio
La técnica de referencia. Se talla con el cartílago del propio niño, crece con él y dura toda la vida. Requiere dos o más etapas.
Implante sintético
Permite operar antes y en menos etapas, evitando la cirugía del tórax. A cambio tiene más riesgo de exposición y de infección a largo plazo.
Prótesis externa
Oreja protésica fijada a implantes. Es una alternativa razonable cuando la reconstrucción no es posible o el paciente no desea cirugía.
El orden con la audición no se invierte
Cuando además de la reconstrucción está prevista una cirugía auditiva, la reconstrucción de la oreja va primero. La razón es práctica: la cirugía del oído deja cicatrices en la piel de la zona, y esa piel es exactamente la que se necesita íntegra para cubrir el cartílago tallado. Invertir el orden compromete el resultado de la reconstrucción de forma irreversible.
El momento lo determina el tórax, no la edad en el calendario. Se necesita cartílago costal suficiente para tallar una oreja de tamaño adulto, y eso ocurre habitualmente entre los ocho y los diez años. Operar antes obliga a construir una oreja pequeña que después no crecerá al ritmo de la otra.
Y hay un criterio que en esta cirugía pesa más de lo habitual: la opinión del niño. Es él quien va a atravesar varias cirugías y quien va a vivir con el resultado, y a esa edad ya puede participar en la decisión. Cuando el deseo es solo de los padres, conviene esperar.
Cómo es el proceso
Dos o más cirugías separadas por varios meses.
Valoración
Se estudia la oreja, la piel disponible y el desarrollo torácico, y se coordina con otorrinolaringología la parte auditiva, que sigue su propio calendario.
Primera etapa
Se toma cartílago de las costillas, se talla la estructura de la oreja y se coloca bajo la piel de la zona. Es la cirugía principal.
Segunda etapa
Cuatro a seis meses después: se despega la oreja del cráneo para darle proyección y se cubre la zona posterior con un injerto de piel.
Refinamientos
Etapas menores para ajustar el lóbulo, el trago o el contorno, según haga falta. No siempre son necesarias.
Qué esperar
Lo que más molesta no es la oreja, sino el tórax de donde se tomó el cartílago.
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Días 1 a 7
Hospitalización breve. El dolor principal es el del tórax al respirar y toser, no el de la oreja. Vendaje protector y drenaje.
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Semanas 2 a 4
Cede la molestia torácica. Se protege la oreja al dormir y en el colegio. Sin deportes de contacto.
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Meses 1 a 4
La oreja se define conforme baja la hinchazón. Se espera la maduración antes de la segunda etapa.
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Meses 6 a 18
Tras la segunda etapa, la oreja alcanza su proyección definitiva. Las cicatrices maduran y se aclaran.
Riesgos y lo que no se promete
De la oreja: sufrimiento de la piel que cubre el cartílago, con exposición de la estructura —la complicación más seria—, infección, hematoma, reabsorción parcial del cartílago, pérdida de proyección con el tiempo y contorno irregular. Con implantes sintéticos, el riesgo de exposición e infección a largo plazo es mayor.
Del tórax: dolor durante las primeras semanas, cicatriz permanente, deformidad del contorno costal en la zona de donde se tomó el cartílago y, con poca frecuencia, neumotórax durante la cirugía.
No se promete una oreja idéntica a la del otro lado: se construye una oreja de aspecto natural, reconocible y proporcionada, con diferencias de detalle que se aprecian de cerca. Y no se promete audición: la reconstrucción resuelve la forma, no el oído. Estos riesgos se reducen con un momento quirúrgico adecuado, piel íntegra y técnica cuidadosa. No se eliminan. Los que aplican al caso de tu hijo constan por escrito en el consentimiento informado.
La información de esta página es orientativa y no sustituye una consulta médica presencial. El acto médico es una obligación de medios, no de resultado.
Lo que más preguntan las familias
La reconstrucción de la oreja resuelve la forma, no la audición: son dos problemas distintos y con especialistas distintos.
La audición la valora otorrinolaringología, que decide si corresponde una cirugía auditiva, un audífono osteointegrado o ninguna. En la microtia unilateral, el otro oído suele ser normal y el lenguaje se desarrolla bien.
Porque la oreja se construye con el cartílago de las costillas del propio niño, y antes de esa edad no hay cartílago suficiente para tallar una oreja de tamaño adulto.
Operar antes obliga a hacer una oreja pequeña que después no crecerá al mismo ritmo que la otra. La espera es difícil y se acompaña.
La oreja. La cirugía auditiva deja cicatrices en la piel de la zona, y esa piel es exactamente la que se necesita íntegra para cubrir el cartílago.
Invertir el orden compromete el resultado de la reconstrucción de forma irreversible, así que se coordina con otorrinolaringología desde el principio.
El tórax, no la oreja. La zona de donde se tomó el cartílago molesta al respirar, toser y reír durante las primeras semanas, y sorprende a casi todas las familias.
Se maneja con analgesia y cede progresivamente. Deja además una cicatriz permanente en el tórax.
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