Un injerto es piel propia que se toma de una zona sana y se traslada a otra que la ha perdido. Al no llevar irrigación propia, sobrevive gracias al lecho que la recibe.
Es la técnica más usada para cubrir grandes superficies sin piel: quemaduras, heridas que no cierran, defectos tras extirpar un tumor. Se toma una lámina delgada de piel —habitualmente del muslo, la nalga o el brazo— y se coloca sobre la zona a cubrir. En los primeros días el injerto se nutre por difusión del propio lecho, y hacia el tercero o cuarto empieza a recibir vasos que crecen desde abajo. Ese proceso se llama prendimiento y es lo que decide si el injerto funciona.
Dos cosas conviene saber antes. La primera es que el injerto se nota: queda con distinto color, distinta textura y sin anexos —no tiene pelo ni glándulas—, y en zonas visibles esa diferencia es permanente. Es una solución funcional excelente y estéticamente limitada. La segunda sorprende a casi todos los pacientes: la zona de donde se toma la piel duele más que la zona injertada, porque queda como una abrasión expuesta durante una o dos semanas.
Suele ayudar cuando hay
- Quemadura de espesor parcial profundo o total que no epitelizará sola.
- Herida amplia con buen lecho de granulación que no cierra por sí misma.
- Defecto tras extirpar un tumor cuando el cierre directo no es posible.
- Zona donante de un colgajo que no puede cerrarse directamente.
- Úlcera crónica ya limpia y con el problema de base controlado.
Conviene valorar antes si
- Lecho con hueso, tendón o cartílago expuestos: ahí el injerto no prende.
- Infección activa de la herida, que impide el prendimiento.
- Lecho irradiado o mal vascularizado.
- Zona de mucho movimiento o de carga, donde puede fracasar.
- Zona visible donde la diferencia de color pesará mucho.
Ninguno de estos puntos descarta por sí solo el procedimiento; todos cambian la conversación.
Espesor parcial o total
La diferencia está en cuánta dermis lleva la piel trasladada, y eso cambia todo lo demás.
Espesor parcial
Lleva epidermis y parte de la dermis. Prende con más facilidad y cubre superficies grandes, pero se retrae más y la diferencia de color es mayor.
Espesor total
Lleva toda la dermis. Se retrae menos y da mejor color y textura, por lo que se prefiere en la cara y las manos. Solo cubre áreas pequeñas.
Injerto mallado
La lámina se perfora para expandirla y cubrir más superficie. Es la opción en grandes quemados, y deja un patrón reticulado permanente.
El lecho decide el resultado
Un injerto no salva un lecho malo. Antes de injertar hay que conseguir una superficie limpia, bien vascularizada y sin infección; si la herida está sucia o hay tejido desvitalizado, se desbrida y se espera. Injertar sobre un lecho inadecuado es perder el injerto y sumar una zona donante para nada.
La inmovilización de los primeros días es tan importante como la técnica. El injerto se pierde sobre todo por dos causas: el hematoma o seroma que se acumula debajo y lo separa del lecho, y el movimiento que impide que los vasos crezcan. Por eso se fija con puntos o grapas, se coloca un apósito compresivo y no se levanta hasta el control.
La elección de la zona donante también se piensa: se toma de un área cubierta por la ropa y de piel con color parecido al de la zona a reconstruir. Para la cara suele preferirse piel de detrás de la oreja o del cuello, que iguala mucho mejor.
Cómo es el proceso
La primera curación, a los cuatro o cinco días, es la que muestra si prendió.
Preparación del lecho
Desbridamiento y curaciones hasta obtener una superficie limpia y bien vascularizada. Puede requerir varias sesiones previas.
Cirugía
Se toma la lámina de piel de la zona donante, se prepara y se fija sobre el defecto con puntos o grapas, con apósito compresivo.
Primera curación
Al cuarto o quinto día se levanta el apósito y se comprueba el prendimiento. Es el momento que define el resultado.
Cuidados posteriores
Hidratación diaria, protección solar estricta y, cuando corresponde, prenda compresiva. El injerto tarda meses en madurar.
Qué esperar
La zona donante suele ser la más molesta de las dos.
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Días 1 a 5
Reposo e inmovilización de la zona injertada. La zona donante escuece de forma notable: es lo que más molesta en esta fase.
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Días 5 a 14
Se comprueba el prendimiento y se retiran las fijaciones. La zona donante epiteliza y deja de doler hacia el final de esta etapa.
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Semanas 3 a 8
El injerto está estable pero frágil. Hidratación diaria y protección solar. Se inicia la compresión si hay riesgo de retracción.
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Meses 3 a 12
El color se atenúa y la textura mejora, sin llegar a igualar la piel vecina. Es el plazo en que se valora un retoque si hizo falta.
Riesgos y lo que no se promete
El riesgo principal es la pérdida parcial o total del injerto, casi siempre por hematoma o seroma debajo, por movimiento o por infección. Cuando ocurre, se cura la zona y se reinjerta más adelante. Se añaden la retracción del injerto —que en zonas de pliegue o de articulación puede limitar el movimiento—, la hiperpigmentación y la cicatrización hipertrófica en los bordes.
La zona donante tiene sus propios problemas: dolor durante una o dos semanas, cicatriz permanente de color más claro o más oscuro, prurito y, con menos frecuencia, infección o cicatrización lenta.
No se promete que el injerto se parezca a la piel de alrededor: queda con distinto color y textura, sin pelo ni glándulas, y esa diferencia es permanente. En zonas visibles conviene decidirlo sabiéndolo. Estos riesgos se reducen con un lecho bien preparado, inmovilización estricta, hidratación y protección solar. No se eliminan. Los que aplican a tu caso constan por escrito en el consentimiento informado.
La información de esta página es orientativa y no sustituye una consulta médica presencial. El acto médico es una obligación de medios, no de resultado.
Lo que más se pregunta sobre los injertos de piel
Sí. El injerto queda con distinto color y textura que la piel de alrededor, y no tiene pelo ni glándulas. Con los meses el color se atenúa, pero la diferencia es permanente.
Es una técnica excelente para cubrir y limitada en lo estético. En zonas visibles se valoran primero otras opciones, como un colgajo local.
Lo habitual es el muslo, la nalga o el brazo: zonas cubiertas por la ropa y con suficiente superficie. Para injertos de la cara se prefiere piel de detrás de la oreja o del cuello, que iguala mejor el color.
La zona donante queda con una cicatriz permanente, más clara o más oscura que la piel vecina.
Porque la zona donante queda como una abrasión: se retiró la capa superficial y quedan expuestas las terminaciones nerviosas, que están intactas y muy sensibles.
Es lo que más molesta durante la primera semana o dos, hasta que epiteliza. Sorprende a casi todos los pacientes, y por eso se advierte antes.
Si la pérdida es parcial, muchas veces la zona cierra sola con curaciones. Si es total, se prepara nuevamente el lecho y se reinjerta más adelante.
Las causas más frecuentes son el hematoma debajo del injerto, el movimiento y la infección. Por eso la inmovilización de los primeros días no es negociable.
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