De las cincuenta y una fichas de procedimiento de esta web, el tabaco aparece en veintiocho. Siempre en el mismo sitio y con las mismas palabras: el factor modificable que más pesa.
Conviene explicar por qué, porque dicho así suena a consejo general de salud y no lo es. Es el único riesgo de tu cirugía que depende enteramente de ti, y el que más cambia el resultado.
Qué le hace exactamente a una herida
La nicotina contrae los vasos sanguíneos pequeños. No los grandes: los capilares, que son precisamente los que tienen que llevar sangre al borde de una herida para que cicatrice. El monóxido de carbono ocupa el sitio del oxígeno en la sangre, así que la poca que llega, llega peor cargada.
El resultado práctico: a la piel que acabas de operar le llega menos sangre y menos oxígeno durante semanas. Esa piel no se muere en el quirófano; se muere después, hacia el quinto o el séptimo día, cuando ya parecía que todo iba bien.
La necrosis de piel en una fumadora casi nunca se ve el primer día. Aparece cuando la paciente ya se había relajado, y entonces no hay nada que deshacer.
Dónde se nota más
En las cirugías que levantan un colgajo de piel y lo cierran a tensión, que son justamente las más grandes:
- Abdominoplastia. La piel del abdomen bajo depende de un riego que la cirugía ya ha reducido. El tabaco encima de eso es lo que produce esas necrosis de la línea media que tardan meses en cerrar y dejan una cicatriz mucho peor.
- Cirugía de mama con levantamiento. El pezón sobrevive porque conserva un pedículo de tejido que lo irriga. Fumar compromete justo eso.
- Lifting facial. Colgajos finos y largos, el escenario donde menos margen hay.
- Injerto de grasa. La grasa prende si le crecen vasos alrededor. Sin microcirculación, no prende.
- Cualquier injerto o colgajo reconstructivo. Aquí el tabaco no empeora el resultado: hace fracasar la cirugía.
Cuánto antes, y hasta cuándo
Lo que se pide habitualmente son cuatro semanas antes y cuatro semanas después. No es una cifra redonda elegida al azar: es el tiempo que tarda la microcirculación en recuperarse y el que dura la fase crítica de la cicatrización.
Y lo de después importa tanto como lo de antes. Hay pacientes que lo dejan un mes, se operan y vuelven a fumar al tercer día porque ya pasó lo difícil. Lo difícil no ha pasado: la piel que va a sufrir todavía no ha decidido si sobrevive.
Dos cosas que conviene aclarar
- El vapeo no es una alternativa. Lo que contrae los vasos es la nicotina, y el vapeador la lleva. Los parches y los chicles también. Si el plan para dejar de fumar pasa por sustitutos de nicotina, dilo en la consulta: se puede planificar, pero hay que saberlo.
- Fumar «poco» también cuenta. No existe un número seguro de cigarrillos al día antes de una cirugía mayor. Dos o tres también contraen.
Y si no puedes dejarlo
Entonces hay que hablarlo, no esconderlo. Es la parte que de verdad importa de este artículo.
Una paciente que dice «no voy a poder» permite planificar: elegir una técnica con menos colgajo y menos tensión, dividir la cirugía en dos tiempos, posponerla o decidir juntas que no es el momento. Una paciente que dice que lo dejó y no lo dejó se opera con un riesgo que nadie ha tenido en cuenta, y eso termina mal con una frecuencia que no compensa.
No se pregunta para juzgar. Se pregunta porque cambia la cirugía.
Lo que sí se promete
Que dejarlo funciona. No es un gesto simbólico ni un requisito administrativo: cuatro semanas sin nicotina devuelven buena parte de la microcirculación, y la diferencia en la tasa de problemas de cicatrización es grande y está medida.
Es, probablemente, lo más eficaz que puedes hacer tú por el resultado de tu propia cirugía.
