Hay una pregunta que conviene hacerse antes que ninguna otra, y es la que decide si un lifting es lo que necesitas: ¿lo que te molesta se ha caído, o ha cambiado de calidad?

Un lifting facial reposiciona los tejidos que han descendido con los años —la mejilla, el borde de la mandíbula, el cuello— y retira la piel que sobra una vez colocados en su sitio. Eso es lo que hace, y lo hace muy bien. No hace nada más.

Lo que un lifting deja exactamente igual

  • Las manchas. Son pigmentación y se tratan con otros recursos.
  • La textura de la piel y los poros.
  • Las arrugas finas del contorno de los labios y de los ojos. Esas no están ahí porque algo se haya caído.
  • El tono y la luminosidad.

Si lo que ves en el espejo es sobre todo eso, un lifting te va a dejar el óvalo recuperado y la misma piel que tenías. Es una cirugía mayor para resolver algo que no era el problema, y es la causa más frecuente de salir decepcionada de una operación bien hecha.

Un lifting cambia dónde están los tejidos. No cambia de qué están hechos.

Eso no significa que haya que elegir: las dos cosas se combinan con frecuencia, y a veces lo sensato es tratar primero la calidad de la piel y decidir después si hace falta la cirugía.

No es estirar la piel

El trabajo real está en una capa profunda llamada SMAS, que es la que sostiene la mejilla y el cuello. Reposicionarla es lo que permite recuperar el óvalo sin que la piel quede bajo tensión.

Por eso importa tanto: si solo se tensara la piel, el resultado sería una cara tirante que se afloja en meses. Ese aspecto estirado que todo el mundo teme no es «un lifting»; es un lifting mal hecho, hecho sobre el plano equivocado.

Dos cosas que pueden posponer la fecha

No son recomendaciones generales de salud: en esta cirugía concreta son los dos factores que más elevan el riesgo.

El tabaco. El lifting levanta colgajos de piel finos y largos, que dependen de una microcirculación que la nicotina estrecha. Es la cirugía donde fumar más daño hace.

La hipertensión no controlada. Multiplica el riesgo de hematoma, que es la complicación más característica de este procedimiento y la que puede obligar a volver a quirófano en las primeras horas.

Si alguna de las dos está presente, lo correcto es resolverla y operar después.

El calendario real

  • Primeras 48 horas. Vendaje, hinchazón importante y sensación de tirantez y adormecimiento más que dolor. Es el periodo de mayor vigilancia por el hematoma.
  • Semana 1. Se retiran drenajes y parte de los puntos. Los moretones alcanzan su peor aspecto entre el tercer y el quinto día. La cara aún no se reconoce.
  • Semanas 2 a 3. Vuelta a la vida social con maquillaje y al trabajo de oficina. Persisten hinchazón asimétrica y zonas dormidas delante de las orejas: es normal y transitorio.
  • Meses 1 a 3. La hinchazón cede y aparece el óvalo.
  • 6 a 12 meses. Resultado asentado, cicatrices maduras y sensibilidad normalizada.

Hay que contar con entre dos y tres semanas de repliegue. Quien no las tenga disponibles hará bien en esperar a tenerlas.

Lo que no se promete

No se promete otra cara. Se recupera la propia unos años atrás, y quien busque parecerse a otra persona va a quedar insatisfecho con cualquier resultado.

Tampoco se detiene el envejecimiento: la piel sigue su curso y los tejidos vuelven a descender. Un lifting bien hecho dura años, no para siempre.

Este artículo habla de un procedimiento que hacemos en Sbeltia. La ficha lleva los tiempos, la recuperación y los riesgos por escrito.

Ver la ficha de lifting facial

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