«¿Tomas algún medicamento?» «No, nada.» Y a los diez minutos, cuando la conversación va por otro lado, aparece la pastilla de la presión, el ibuprofeno de la espalda y las cápsulas de omega 3 que empezó a tomar en enero.

No es que la gente mienta. Es que medicamento suena a receta y a farmacia, y la vitamina E, el ajo en cápsulas y el frasco que trajo un familiar de viaje no entran en esa categoría. El problema es que la coagulación no distingue entre lo que tiene receta y lo que no.

Lo que sí se suspende

Casi todo lo que se suspende antes de una cirugía se suspende por lo mismo: porque hace que sangres más. Un sangrado mayor del previsto no solo complica la cirugía; es lo que luego se convierte en un hematoma, y un hematoma es la complicación que más veces obliga a volver al quirófano.

  • Aspirina y antiagregantes. La aspirina inutiliza las plaquetas durante toda su vida, que son unos siete a diez días. Por eso no basta con no tomarla hoy: hay que dejar de tomarla con una semana larga de antelación. Y si la tomas porque alguien te la indicó para el corazón, esa decisión no es tuya ni mía: es del médico que la indicó.
  • Antiinflamatorios. Ibuprofeno, naproxeno, diclofenaco, ketorolaco. Alteran las plaquetas de forma reversible y más corta, pero alteran. Se suelen suspender unos días antes. El paracetamol no está en esta lista y sirve para casi todo lo que haga falta entretanto.
  • Anticoagulantes. Warfarina, rivaroxabán, apixabán y compañía. Aquí la regla es la contraria de lo que parece: no se suspenden por cuenta propia nunca. Dejar de golpe un anticoagulante puede ser bastante más peligroso que la cirugía. Se coordinan con el cardiólogo o el hematólogo que los indicó, a veces sustituyéndolos unos días por otro fármaco, y esa coordinación lleva tiempo: se avisa al pedir la fecha, no la semana de antes.
  • Anticonceptivos y terapia hormonal. No por sangrado sino por lo contrario: aumentan el riesgo de trombosis, y una cirugía larga con varias horas de inmovilidad lo aumenta también. En cirugías grandes suele pedirse suspenderlos con semanas de antelación, con un método alternativo de por medio. En procedimientos pequeños muchas veces no hace falta.
  • Productos para bajar de peso y preentrenos. Los que llevan estimulantes suben la presión y la frecuencia cardiaca, que es justo lo que el anestesiólogo pasa la cirugía entera intentando mantener estables. Y los que se compran por internet rara vez declaran todo lo que llevan.

El medicamento que de verdad complica una cirugía casi nunca es el que estaba en la lista. Es el que no se mencionó porque no parecía uno.

Lo que no se suspende, y conviene decirlo con la misma claridad

Hay una idea extendida y peligrosa: que antes de operarse hay que «limpiarse» de todo. No. Varios tratamientos crónicos se mantienen hasta el mismo día, y dejarlos es peor que seguirlos.

  • La pastilla de la presión. Casi todas se toman la mañana de la cirugía con un sorbo de agua. Llegar al quirófano con la presión disparada por haberla dejado dos días antes es un problema de verdad. Algunos grupos concretos sí se ajustan, y eso lo decide el anestesiólogo.
  • La tiroides. Se toma como siempre.
  • Antiepilépticos, antidepresivos y antipsicóticos. Se mantienen. Suspender un antidepresivo de golpe tiene su propio cuadro de retirada, y el postoperatorio es el peor momento posible para pasarlo. Si alguno interactúa con los fármacos de la anestesia, se ajusta la anestesia, no tu tratamiento.
  • Inhaladores. Se traen el día de la cirugía y se usan antes de entrar si hacen falta.
  • Diabetes. No se suspende: se reorganiza. Como vas a estar en ayunas, las dosis y los horarios del día anterior y del mismo día cambian, y esas instrucciones se dan por escrito.

Los que nadie menciona

Esta es la lista que se queda fuera siempre, y la que más sorpresas da. Varios productos de venta libre alteran la coagulación lo suficiente como para notarse en una cirugía:

  • Vitamina E en dosis altas.
  • Omega 3, aceite de pescado, aceite de krill.
  • Ajo en cápsulas, ginkgo biloba y ginseng.
  • Cúrcuma y jengibre concentrados, que no es lo mismo que cocinar con ellos.
  • Hierba de San Juan, que además interactúa con varios fármacos de la anestesia.
  • Uña de gato, maca y preparados de hierbas sin composición declarada. Aquí el problema no es lo que se sabe de ellos, sino lo que no: si la etiqueta no dice exactamente qué lleva y cuánto, no hay forma de calcular nada.

Lo habitual es dejar los suplementos un par de semanas antes. No porque sean peligrosos en la vida normal, sino porque en una cirugía no aportan nada y sí pueden restar.

Cuánto antes

Los plazos de arriba son los habituales, no una tabla que valga para todo el mundo. Cambian con la cirugía —no es lo mismo quitar un lunar que una abdominoplastia—, con el motivo por el que tomas cada cosa, y con lo que diga tu cardiólogo si lo tienes.

Por eso la conversación sobre medicamentos se tiene cuando se pide la fecha, no en la última consulta. Un anticoagulante que hay que coordinar con otro especialista no se resuelve en cuarenta y ocho horas, y una cirugía aplazada por eso se aplaza semanas.

Cómo traer la lista sin olvidarte de nada

Hay un método que funciona mucho mejor que intentar acordarse: junta todas las cajas y frascos en la mesa y hazles una foto con el celular. Todo, incluido lo del botiquín que tomas de vez en cuando y lo que está en la mesa de noche.

Esa foto dice en diez segundos lo que una conversación no consigue en diez minutos: el nombre exacto, la dosis y la presentación. Y evita el error más común, que es confundir dos medicamentos con nombres comerciales parecidos.

Lo mismo sirve para lo que cuesta contar. Si tomas algo para dormir, si bebes más de lo que dirías en voz alta, si usas algo recreativo. No cambia el trato y no se comenta con nadie. Cambia la dosis de anestesia, y esa es exactamente la información que no se puede deducir de ningún análisis.

Todos los artículos