Un accidente con una sierra, una puerta o una máquina deja pocos minutos para pensar, y en esos minutos se decide si el dedo podrá reimplantarse o no. Conviene llevarlo aprendido de casa.

Lo esencial cabe en una frase: un dedo bien conservado en frío puede reimplantarse muchas horas después; mal conservado, se pierde en pocas.

Los cuatro pasos

  1. La persona primero. Cubre la herida con un paño limpio y comprime para detener el sangrado. Eleva la mano. No pongas torniquete salvo que el sangrado no ceda con presión firme y sostenida.
  2. Envuelve la parte amputada en una gasa humedecida con suero fisiológico. Si no hay suero, agua limpia sirve para humedecer la gasa, no para sumergir.
  3. Métela en una bolsa plástica y ciérrala. Bien cerrada.
  4. Coloca esa bolsa sobre hielo. La bolsa sobre el hielo, nunca el dedo tocando el hielo.

Y después, a un hospital con capacidad microquirúrgica, de inmediato. No a cualquier emergencia: pregunta por teléfono si tienen microcirugía antes de salir, porque un traslado adicional cuesta horas que el dedo no tiene.

Lo que destruye el dedo

Tres errores, los tres frecuentes, los tres irreversibles:

  • Hielo en contacto directo. Congela el tejido y lo daña sin retorno. El frío conserva; el hielo pegado a la piel, mata.
  • Sumergirlo en agua —o en alcohol, o en suero— durante el traslado. El tejido se macera y deja de ser reimplantable.
  • Dejarlo en seco a temperatura ambiente, o envuelto en papel. Las horas útiles se reducen drásticamente.

Gasa con suero, bolsa cerrada, hielo por fuera. Si solo te queda una frase de todo esto, que sea esa.

Y aunque el dedo parezca destrozado, llévalo igual. No eres tú quien decide si sirve: a veces no se reimplanta entero pero aporta piel, hueso, tendón o un nervio que salvan la función de lo que queda.

Qué es un reimplante

La microcirugía consiste en reparar vasos y nervios de uno o dos milímetros bajo microscopio, con suturas más finas que un cabello. Un reimplante dura entre tres y diez horas, exige un equipo entrenado, quirófano disponible con urgencia y una hospitalización de varios días.

Los primeros días de vigilancia postoperatoria son tan determinantes como la cirugía misma: se controla la circulación del segmento hora a hora, y si falla hay que volver a quirófano.

No siempre reimplantar es lo mejor

Hay que decirlo porque sorprende. Un dedo reimplantado puede quedar rígido, insensible y doloroso, y estorbar más que ayudar. En algunos casos —sobre todo amputaciones por aplastamiento o arrancamiento, o un solo dedo en una mano por lo demás sana— una amputación bien reglada da mejor función que un reimplante rígido.

Esa decisión se toma en el momento, con la lesión delante, y se explica a la familia. Que el cirujano la plantee no es desinterés: es criterio.

Lo que no se promete

No se promete que un segmento reimplantado funcione como antes. Lo habitual es una movilidad y una sensibilidad parciales, y en muchos casos la mano queda funcional pero distinta. La rehabilitación posterior dura meses y pesa tanto como la cirugía.

Lo que sí cambia el desenlace, y está enteramente en manos de quien está ahí cuando ocurre, son esos cuatro pasos de la primera hora.

Este artículo habla de un procedimiento que hacemos en Sbeltia. La ficha lleva los tiempos, la recuperación y los riesgos por escrito.

Ver la ficha de microcirugía y reimplantes

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