El injerto de grasa es uno de los recursos más versátiles de la cirugía plástica actual. Se toma tejido propio mediante liposucción, se procesa y se coloca donde falta volumen: rostro, mamas, glúteos, defectos de contorno.

Y tiene una limitación que conviene poner por delante, porque explica casi todas las decepciones.

No toda la grasa injertada sobrevive

Entre un treinta y un cincuenta por ciento se reabsorbe durante los tres primeros meses.

Eso no es una complicación: es el comportamiento normal del injerto. La grasa trasplantada necesita que le crezcan vasos sanguíneos nuevos alrededor para seguir viva, y la que no los consigue, se va.

Por eso se coloca un exceso calculado, y a veces se planifica una segunda sesión desde el principio. Quien no lo sepa de antemano vive esos tres meses como una pérdida del resultado, llamando preocupado cada dos semanas.

Sales del quirófano con más volumen del que vas a tener. Es intencionado, y el resultado real se juzga a los seis meses.

Lo que sí tiene de bueno

La grasa es tejido propio: no produce rechazo, no es un cuerpo extraño y, cuando prende, se comporta como el resto de la grasa del cuerpo. Eso tiene una consecuencia que conviene saber: si subes mucho de peso, esa grasa también crece.

En el rostro devuelve volumen a las zonas que se vacían con la edad. En las mamas corrige asimetrías y defectos de contorno. Y en cicatrices hundidas o zonas irradiadas hace algo que ningún relleno sintético hace: además de rellenar, mejora la calidad de la piel que las cubre.

Lo que mejora la supervivencia

No es azar. Influye cómo se obtiene la grasa —a baja presión, con cánulas finas—, cómo se procesa y, sobre todo, cómo se coloca: en múltiples pasadas pequeñas y en distintos planos, nunca en un bolo grande, para que cada partícula quede cerca de un vaso que la alimente.

Del lado del paciente, lo que más influye es no fumar. El tabaco compromete la microcirculación, que es exactamente de lo que depende que el injerto prenda.

El punto de seguridad: el glúteo

Aquí hay que ser explícito. En el glúteo, el riesgo grave es la embolia grasa por inyección intramuscular, que se evita colocando el injerto exclusivamente en plano subcutáneo, por encima del músculo.

No es un detalle técnico menor ni una preferencia de escuela: es la diferencia entre un procedimiento seguro y uno que ha causado muertes. Si estás valorando un aumento de glúteos con grasa, pregunta en qué plano se coloca. La respuesta correcta es una sola.

Lo práctico

Una a tres horas, anestesia local con sedación o general según la extensión, ambulatoria, vida normal entre siete y catorce días. Hay dos zonas que cuidar: la donante, que se comporta como una liposucción pequeña, y la receptora.

En la receptora, la indicación que más se incumple es no apoyar ni presionar la zona las primeras semanas. En el glúteo eso significa no sentarse de la forma habitual durante un tiempo, y es incómodo, y es lo que decide cuánto injerto sobrevive.

Lo que no se promete

No se promete un volumen exacto ni la supervivencia total del injerto. Se promete un procedimiento con tejido propio, un plan que cuenta con la reabsorción desde el principio y una segunda sesión si hace falta.

Este artículo habla de un procedimiento que hacemos en Sbeltia. La ficha lleva los tiempos, la recuperación y los riesgos por escrito.

Ver la ficha de injerto de grasa

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