Cuando el nervio facial deja de funcionar, la mitad de la cara pierde movimiento: el ojo no cierra, el labio cae y la sonrisa desaparece de ese lado.

Puede venir de una parálisis de Bell que no se recuperó, de un tumor del nervio o de su extirpación en una cirugía, de un traumatismo, de una infección o estar presente desde el nacimiento. Lo que la persona vive es siempre parecido: no puede cerrar el ojo, se le cae el líquido de la boca al beber, la comida se le acumula en la mejilla, arrastra al hablar y ha dejado de sonreír en las fotos.

El impacto social es enorme y suele estar muy por encima de lo que el entorno percibe.

La jerarquía no se discute: primero el ojo

Un ojo que no cierra se seca, se ulcera y puede perder visión. Esa es la única parte del cuadro que amenaza algo irreversible a corto plazo, y por eso va primero siempre, antes que cualquier consideración sobre la sonrisa o la simetría.

Desde el primer día, sin esperar a ninguna cirugía: lágrimas artificiales frecuentes durante el día, ungüento y oclusión del ojo por la noche, y revisión por oftalmología. Esto no es una medida provisional de poca importancia: es lo que evita una úlcera corneal.

Quirúrgicamente se resuelve con procedimientos sencillos —una pesa en el párpado superior, tensar el párpado inferior— que cambian la vida del paciente en una sola cirugía, con anestesia local y de forma ambulatoria. La sonrisa viene después, y es una cirugía mucho mayor.

Proteger el ojo es barato, rápido y urgente. Reanimar la sonrisa es complejo, largo y puede esperar. El orden no se invierte nunca.

La ventana de tiempo

Los primeros dieciocho a veinticuatro meses son los que deciden qué opciones quirúrgicas existen después, y esta es la parte que más se desaprovecha por desconocimiento.

La razón es que el músculo que ha perdido su nervio no espera indefinidamente: con los meses se atrofia y deja de ser recuperable. Mientras siga siendo viable, se puede devolverle un nervio y el músculo propio vuelve a moverse. Cuando ya no lo es, hay que traer músculo de otra parte del cuerpo, que es una cirugía mucho mayor.

Las dos cosas se hacen y las dos funcionan. Pero no son lo mismo, y cuál toca depende del tiempo transcurrido.

De ahí la recomendación concreta: si llevas más de seis meses sin recuperación, consulta ahora, aunque te hayan dicho que esperes. Esperar tiene sentido en los primeros meses de una parálisis de Bell, porque muchas se recuperan solas. Esperar dos años no tiene ninguno.

Lo que se puede hacer

  • Para el ojo: pesa palpebral, tensado del párpado inferior, y cuidados conservadores desde el día uno.
  • Para la simetría en reposo: suspensiones que recolocan la comisura y la mejilla, y procedimientos sobre el lado sano para equilibrar.
  • Para la sonrisa: transferencias nerviosas cuando el músculo aún es viable, o transferencia de músculo libre cuando ya no lo es.
  • Rehabilitación, que acompaña a todo lo anterior y no es opcional.

Lo que no se promete

No se promete una cara simétrica ni una sonrisa igual a la del otro lado, y menos aún una expresión espontánea. Lo que se busca es proteger el ojo, mejorar la simetría en reposo y recuperar un movimiento voluntario que permita sonreír de forma reconocible.

Es una mejoría importante, no una restitución. Y para quien lleva años evitando las fotos, esa distinción importa menos de lo que parece desde fuera.

Este artículo habla de un procedimiento que hacemos en Sbeltia. La ficha lleva los tiempos, la recuperación y los riesgos por escrito.

Ver la ficha de parálisis facial

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