El cáncer de piel es el más frecuente del ser humano y también el que mejor se cura, con una condición: que se trate a tiempo. En el Perú se consulta tarde, y en la consulta se repiten siempre los mismos dos motivos.
Las dos creencias que hacen llegar tarde
La primera: que la piel oscura no desarrolla cáncer de piel. Es falsa. Se desarrolla menos, pero se diagnostica más tarde precisamente por esa creencia, y por eso llega en peor situación.
Hay un matiz importante: en pieles más oscuras el melanoma aparece con relativa frecuencia en zonas poco expuestas al sol —las plantas de los pies, las palmas y debajo de las uñas—, que son las que nadie se mira. Esas zonas también hay que revisarlas.
La segunda: no tener presente la radiación. Lima, la sierra y la selva tienen índices de radiación ultravioleta muy altos, y la exposición acumulada de una vida de trabajo al aire libre es un factor real, aunque nunca haya habido quemaduras llamativas.
Qué cambios justifican una consulta
- Un lunar que cambia de tamaño, de forma, de color o cuyos bordes se vuelven irregulares.
- Una lesión que sangra, se ulcera o no cicatriza en un mes. Esta es la que más se subestima: se atribuye a un golpe, a la afeitada o a un grano, y se deja pasar medio año.
- Una lesión nueva en un adulto, sobre todo si está creciendo. Los lunares nuevos después de los cuarenta merecen una mirada.
- Un lunar que pica o duele sin motivo.
- El que no se parece a los demás. Si todos tus lunares se parecen entre sí y hay uno distinto, ese es el que hay que mirar.
Una lesión que no cierra en un mes merece una consulta, aunque no duela y aunque sea pequeña. Sobre todo si es pequeña: es cuando se resuelve con una cirugía mínima.
Todo lo que se extirpa se analiza
Sin excepción, y aunque la lesión parezca claramente benigna. Es la única forma de tener un diagnóstico cierto y de confirmar que los márgenes quedaron libres.
De ahí algo que conviene saber antes de aceptarlo en cualquier sitio: una lesión sospechosa no se quita con láser ni con cauterio. Esos métodos destruyen el tejido e imposibilitan el estudio, así que se pierde el diagnóstico y no hay forma de saber si quedó algo. Para lesiones benignas ya identificadas hay más margen; ante cualquier duda, se extirpa y se analiza.
Cómo es la cirugía
Se retira la lesión con un margen de piel sana alrededor, cuya amplitud depende del tipo de tumor, y se cierra el defecto: directamente, con un injerto o con un colgajo, según el tamaño y la zona. Treinta a ciento veinte minutos, anestesia local, ambulatoria, vida normal en dos a siete días.
En la cara, donde se localiza la mayoría de estos tumores, la reconstrucción importa: se puede extirpar bien y dejar una deformidad evitable. El orden, eso sí, no se invierte nunca: primero el margen que el tumor exige, después la cicatriz.
Lo que no se promete
No se promete que no quede cicatriz: extirpar un tumor deja siempre una marca, y en la cara se planifica para disimularla, no para evitarla. Tampoco que no aparezcan otros: quien tuvo uno tiene más riesgo, y por eso hay seguimiento.
Si hay algo que te preocupa, la consulta es rápida y muchas veces tranquilizadora. Se sale sabiendo qué es.
Este artículo habla de un procedimiento que hacemos en Sbeltia. La ficha lleva los tiempos, la recuperación y los riesgos por escrito.
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