La blefaroplastia es una de las cirugías con mejor relación entre lo poco que interviene y lo mucho que cambia la expresión: la mirada deja de verse cansada sin que el rostro cambie de rasgos. Pero antes de llegar ahí hay dos cosas que conviene distinguir, y que deciden si la cirugía es estética o es funcional.

Lo de arriba y lo de abajo son dos problemas

En el párpado superior lo que sobra suele ser piel, que pesa sobre la pestaña. En casos avanzados llega a recortar el campo visual por arriba, y entonces deja de ser una cuestión de aspecto.

En el inferior lo que se ve son las bolsas. No son grasa acumulada por descuido ni por dormir mal: es la grasa de la órbita, que siempre estuvo ahí, empujando hacia adelante porque se debilitó el tabique que la contenía. Por eso no se van con cremas, ni con sueño, ni con menos sal.

Cuándo ya no es estético

Hay señales bastante claras de que el exceso de piel está afectando a la visión y no solo a la expresión:

  • Levantas las cejas sin darte cuenta para ver mejor, y acabas el día con dolor de cabeza o tensión en la frente.
  • Al conducir o leer notas que «falta campo» por arriba.
  • Al final del día ves peor que por la mañana, y el párpado pesa.
  • Te levantas la piel del párpado con el dedo y ves notablemente mejor.

Ese último gesto es el que más dice. Si al levantar la piel el campo visual se abre, lo que tienes no es un problema de belleza.

La pregunta que ordena todo: ¿el párpado o la ceja?

Esta es la parte que más resultados malos explica. Con los años también desciende la ceja, y una ceja caída empuja piel sobre el párpado y produce exactamente el mismo aspecto.

Son cosas distintas y se corrigen de forma distinta. Retirar piel del párpado cuando lo que ha descendido es la ceja tensa la zona hacia abajo, baja todavía más la ceja y deja una mirada peor que la de partida: más dura, más cerrada y difícil de arreglar después.

Antes de quitar un milímetro de piel hay que saber de dónde viene el exceso. Si viene de la ceja, lo que toca es levantar la ceja.

Cómo es la recuperación

  • Primeras 48 horas. Hinchazón y moretones que van en aumento, sensación de arenilla y visión algo borrosa por la pomada. Frío local y cabecera elevada. Molesta poco: es una cirugía que asusta más de lo que duele.
  • Días 3 a 7. Los moretones alcanzan su peor aspecto y luego viran a amarillo. Se retiran los puntos hacia el final de este periodo. Ya se lee y se usa pantalla con normalidad.
  • Semanas 2 a 3. Vuelta a la vida social; el maquillaje se puede usar desde que se retiran los puntos. Persiste algo de hinchazón, más evidente al despertar.
  • Hacia los 6 meses. Resultado asentado. En el párpado superior la cicatriz suele quedar prácticamente oculta dentro del pliegue.

Lo que no hace

No quita las patas de gallo, que son arrugas de expresión y pertenecen a otro tratamiento. No cambia el color de las ojeras cuando es pigmentación o un surco óseo. No levanta la ceja. Y no detiene el envejecimiento: la piel sigue su curso y el resultado dura años, no siempre.

Si usas lentes de contacto, tienes ojo seco o has tenido cirugía refractiva, dilo en la consulta antes de nada: la sequedad ocular es la molestia postoperatoria más frecuente y el antecedente cambia la planificación.

Este artículo habla de un procedimiento que hacemos en Sbeltia. La ficha lleva los tiempos, la recuperación y los riesgos por escrito.

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